CAMBIO CLIMÁTICO Y TRANSICIÓN ENERGÉTICA

Septiembre 1, 2017

"Es evidente que hoy estamos inmersos en una transición energética hacia las energías renovables, y es indudable que su penetración seguirá creciendo en los próximos años. Pero debemos ser realistas. Este fenómeno puede tomar décadas"

Por Thomas Keller, gerente general de Colbún.

En días recientes, Colbún invitó a Chile a Christiana Figueres, quien fue secretaria ejecutiva de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático entre los años 2010 y 2016 y, como tal, impulsora del Acuerdo de París celebrado en diciembre de 2015. A través de un seminario que tuvo una alta concurrencia y conversaciones con distintos agentes públicos y privados, nuestro objetivo fue generar un diálogo de primer nivel que contribuyera al buen diseño de políticas públicas en este ámbito, contando además con la destacada participación del ex presidente Ricardo Lagos.

El cambio climático es uno de los grandes desafios que enfrentamos. Para dimensionar este desafio, el ex presidente de Estados Unidos, Barack Obama, señalaba no hace mucho que "somos la primera generación que siente las consecuencias del cambio climático y la última que tiene la oportunidad de hacer algo para detenerlo".

Un escenario como este necesita de la contribución de la ciencia y la tecnología, la academia, nuestras autoridades, la sociedad civil, el sector público y el sector privado, de manera de abordar de forma integral y estratégica los desafios de mitigación y adaptación que el cambio climático nos impone. Y si bien aún no es del todo claro cómo avanzaremos en este proceso, estimamos relevante destacar ciertos principios que es necesario preservar a fin de obtener resultados sostenibles en el largo plazo, acotando los costos en el corto plazo.

Primero, se deben diseñar politicas e instrumentos que permitan que el combate del cambio climático sea una buena noticia para la economía, para que de esta forma esté en el interés de todos minimizar los riesgos de este fenómeno. En un mundo donde se proponen múltiples fórmulas para avanzar hacia la contención de los gases de efecto invernadero (GEI), se deben priorizar todas aquellas medidas que sean costo-eficientes, es decir, que los ahorros o beneficios directos o indirectos que ellas generan sean mayores a los costos asociados a su implementación. Por ejemplo, un reciente estudio encargado por la Asociación de Generadoras a la consultora Poch concluye que en general para el sector transporte, donde se proponen varias medidas asociadas a movilidad eléctrica, el ahorro promedio sería de más de -150 [USD/tCO2e] (dólares por tonelada de carbono equivalente). En otras palabras, tienen un efecto neto positivo para la economía.

En el área forestal, en tanto, un conjunto de medidas asociadas a forestación, reforestación y manejos de los bosques tienen un costo en el rango de los 7 a 24 [USD/tCO2e]. En contraste, el costo promedio de abatimiento de CO2 para el sector de generación eléctrica corresponde a más de 30 [USD/tCO2e].

En concordancia con el principio anterior, se necesitan señales de mercado consistentes, con políticas y medidas adecuadas a este objetivo. Un mercado de emisiones transables, por ejemplo, que sea transversal a todos los sectores responsables de emisiones y que opere preferentemente en un mercado amplio (como la Alianza del Pacífico), permitiría reducir emisiones con una eficiente asignación de recursos.

Un segundo principio debería reconocer que los desafios del cambio climático requieren un enfoque transversal. Tal como dijo recientemente el presidente de la Agencia Internacional de Energía, Fatih Birol, si bien las energías renovables han ganado gran terreno en la industria de generación de electricidad, "la próxima frontera para la historia renovable es ampliar su uso en los sectores industrial, de la construcción y del transporte, donde existe un enorme potencial de crecimiento". Vale la pena recordar que el sector transporte representa un poco menos de un tercio de la emisión de gases de efecto invernadero (GEI) de Chile, levemente menor a la contribución que hace el sector de generación eléctrica.

Todo lo anterior nos lleva a una tercera idea relevante en este ámbito: una sociedad más eléctrica puede ser un gran aliado en la reducción de emisiones. Un estudio reciente de la Asociación de Generadores muestra que el aumento de penetración de autos, buses y taxis eléctricos (en un escenario optimista de alta penetración) permitirá revertir la tendencia al alza de las emisiones de GEI del transporte terrestre en un 9% a 2030 y un 47% a 2050, todo ello respecto de un escenario base "business as usual" (BAU). En tanto, la electrificación del consumo en hogares permitirá, de acuerdo con las proyecciones del estudio, evitar un aumento de emisiones GEI del ámbito residencial, reduciéndolas un 38% a 2030 y un 63% a 2050, también respecto de un escenario base BAU.

Es importante señalar aquí que la implementación de medidas costo eficientes para enfrentar este desafio, también genera una oportunidad para avanzar hacia una mayor eficiencia energética, abriendo así otro camino para desarrollar una economía baja en emisiones.

Tal como lo señaló Christiana Figueres en su visita a Chile, los avances tecnológicos y la disminución de costos de la energía solar y eólica han sido los grandes gatillantes en la mayor penetración de estas tecnologías. Pero mientras no existan avances igualmente relevantes en tecnologías que permitan enfrentar la intermitencia de estas fuentes cuando no sopla el viento o no ilumina el sol, nuestra responsabilidad es seguir entregando una provisión de energía eléctrica las 24 horas del día, tal como lo demanda el consumo del país.

Para ello, una de las mejores opciones es la hidroelectricidad de embalse con capacidad de regulación (embalse), la cual provee de energía flexible, almacenable y renovable que permite enfrentar de manera muy adecuada la intermitencia descrita. La otra opción es la termoelectricidad, de la cual hoy no se puede prescindir, pero que seguramente irá disminuyendo su peso a través del tiempo. Y mirando hacia el futuro, comienzan a surgir perspectivas prometedoras para el almacenaje de energía en baterías.

Cualquiera sea la solución a este problema, lo cierto es que enfrentamos un desafio regulatorio para que existan señales de mercado que transparenten los costos de la intermitencia para todos los actores y permitan una adecuada asignación de los mismos. Hoy, estas señales no existen.

En resumen, es evidente que actualmente estamos inmersos en una transición energética hacia las energías renovables, tales como el sol, el viento y el agua, y es indudable que su penetración seguirá creciendo en los próximos años, al menos en el sector de generación eléctrica. Pero la importancia de esta aseveración no es desmerecida por el hecho de que debemos ser realistas. Las transiciones energéticas, como las que vivió el mundo en el siglo XIX desde la leña al carbón, y en el siglo XX desde el carbón al petróleo, pueden tomar décadas, tal como señala Vlacac Smil en Energy Transitions, uno de los libros favoritos de Bill Gates. Aunque hoy no tenemos certeza sobre cuán rápido avanzaremos en la actual transición, los desafios que enfrentamos no son pocos.